sábado, 13 de febrero de 2010

CARTAS A LOS ESTUDIANTES







CARTAS A LOS ESTUDIANTES

MAX HEINDEL

Comprendiendo una carta por cada mes, desde
diciembre de 1910 a enero de 1919, ambos inclusive

THE ROSICRUCIAN FELLOWSHIP
International Headquarters

P.O. Box 713
Oceanside, CA 92049-0713 USA

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PROLOGO

Durante ocho años, Max Heindel, el místico y ocultista, estuvo enviándoles a los
estudiantes de la Fraternidad Rosacruz una carta mensual repleta de valiosa información,
explicando la causa de las muchas dificultades ocurridas en la vida diaria, no solamente en
las de las personas, sino en las de las naciones también, y diciéndoles a la vez una factible
solución a las mismas. Estas cartas, en número de noventa y siete, que fueron enviadas en el
espacio de tiempo que abarcan las Navidades del año 1910 al mes de enero de 1919,
constituyen el asunto de este libro.
Siendo el mensajero autorizado de los Hermanos de la Orden Rosacruz y, por lo tanto,
en estrecho contacto con ellos, Max Heindel estuvo continuamente recibiendo y dando esta
información oculta a sus estudiantes sobre la pasada, presente y futura evolución de la vida y
de la forma, cuya información debido a la tutela que sobre él ejercían los Hermanos de la
Orden, pudo llegar a la comprobación de la misma y añadir por si mismo muchos detalles.
Las cartas de este libro contienen, además de las luces generales sobre filosofía Rosacruz,
muchas indicaciones prácticas y provechosas para vivir la vida del místico Cristiano.
En muchas de estas cartas aparece una referencia a lecciones que acompañaban a las
mismas. Cada carta iba acompañada de una lección en forma de folleto. La mayor parte de
estas lecciones han sido ya publicadas en libros, y pueden ser de valor para los lectores de
esta obra. Los volúmenes publicados hasta la fecha son los siguientes: "Masonería y
Catolicismo", "El Velo del Destino", "Misterios de las Grandes Operas", "La Interpretación
Mística de la Navidad y "Recolecciones de un Místico". Los lectores de estas cartas
obtendrán de ellas mucho más provecho consultando las lecciones correspondientes que se
citan.
Al ofrecer estas cartas al mundo tenemos la sensación de que contribuimos con ello a
proporcionarle una fuente de estudio de valor e importancia permanentes, de la que el
estudiante esotérico obtendrá ayuda eficaz en su progreso sobre el Sendero.

del libro "Cartas a los Estudiantes", de Max Heindel

LA AMISTAD COMO UN IDEAL

CARTA Nº1

Navidad de 1910

LA AMISTAD COMO UN IDEAL

En los movimientos religiosos es costumbre darse el tratamiento de "hermana" y "hermano", como
reconocimiento de que todos somos hijos de Dios, nuestro Padre común. Ello no obstante, no siempre
está en armonía los hermanos y hermanas. Algunas veces hasta llegan al extravío de odiarse uno a otro, pero
entre amigos no puede caber más sentimiento que el del amor.
El reconocimiento de esta verdad fue lo que impulsó a Cristo, nuestro glorioso y gran Ideal, a
decirles a Sus discípulos: "De ahora en adelante no os llamaré siervos... sino amigos." (Juan 15:15.) Nada
mejor podemos hacer que seguir a nuestro gran Guía en esto como en todas las demás cosas. Así es que no
hemos de contentarnos con las frías relaciones fraternales, sino esforzarnos en ser amigos en el verdadero y
más santo sentido de la palabra. Los Hermanos Mayores, cuyas enseñanzas bellas nos han unido en la Senda
del Progreso, hacen honor a sus discípulos del mismo modo que Cristo honraba a Sus apóstoles, verbigracia,
otorgándoles el nombre de "Amigo". Si se sigue el camino emprendido, algún día nos hallaremos en
presencia de ellos, y oiremos el nombre de "amigo" pronunciado en voz tan suave, tan cariñosa y tan
apacible, que sobrepasará a toda ponderación de la imaginación humana. Desde ese día no habrá trabajo
alguno que no se lleve a cabo para merecer tal amistad. Será su único deseo y su única aspiración el servirles
y no habrá distinción humana que pueda compararse a tal galardón como el llamarnos sus amigos.
Sobre mis indignos hombros ha caído el gran privilegio de transmitir las enseñanzas de los Hermanos
Mayores, al público en general, y a los estudiantes, probacionistas y discípulos de la Fraternidad Rosacruz
en particular. Ha solicitado usted que su nombre figure en mi lista de corresponsales, y yo alegremente le
tiendo mi mano derecha fraternal, saludándole con el nombre de amigo. Aprecio la confianza que deposita
en mí y le aseguro que me esforzare en prestarle mi ayuda en todo lo que esté a mi alcance y en mi poder,
para hacerme merecedor de su confianza. Confío y espero que usted, a su vez me ayudará en mi trabajo que
para usted y los demás llevo a cabo, sirviéndose formar un juicio caritativo al descubrir en mis escritos algún
defecto o falta. Nadie está más necesitado de las oraciones de sus semejantes como el que está obligado a
servir de guía.
Sírvase tenerme presente en sus preces, y tenga por seguro que le tendré a usted en las mías. Le
incluyo la primera lección con la esperanza de que por todo lo expuesto, se establezcan entre nosotros
relaciones cimentadas sobre la base de una amistad sincera.

del libro "Cartas a los Estudiantes", de Max Heindel

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DESARROLLO DEL ALMA MEDIANTE OBRAS

CARTA Nº 2

Febrero de 1911



DESARROLLO DEL ALMA MEDIANTE OBRAS

Espero que habrá estudiado usted a fondo la lección de Navidad, y esté del todo familiarizado con el
fenómeno del flujo y reflujo espiritual en el universo, de modo que esté ya capacitado para dar una razón por
la cual tiene usted fe en la "Nochebuena". En la lección de este mes la idea conduce a una mayor conclusión,
no enseñada públicamente hasta la fecha. En esta corta lección van otras enseñanzas, las cuales arrojarán
mayor claridad sobre el misterio del nacimiento inmaculado que la dada hasta ahora, y espero que la
estudiará usted diligentemente durante el mes venidero, para que pueda concebir toda la trascendental
belleza de las sublimes enseñanzas Rosacruces sobre este asunto.
Tanto si ha estudiado la lección de Navidad y se ha capacitado para la discusión sobre el flujo y reflujo
espiritual, como si se halla preparado para explicar el de la Inmaculada Concepción al final del presente
mes, todo ello es de una importancia secundaria comparado con la contestación que pueda usted dar a la
pregunta siguiente:¿ Aprovechó usted la pleamar espiritual por Navidad para ir en busca de alguien que se
hallase en peligro, según se indica en el último párrafo de aquella lección?... ¿ Lo puso en práctica en el
trabajo, en el mundo? Espero que así lo habrá hecho, pues solamente el practicar las enseñanzas en nuestro
inmediato circulo de influencia es lo que nos trae el fruto del crecimiento del alma. Podemos leer hasta
llegar a una indigestión mental, pero nos hablan mucho más alto las acciones que las palabras. También se
dice que existe un mal lugar del que dicen que está empedrado de buenas intenciones. Por lo tanto, querido
amigo, permítame le encarezca la necesidad por parte de usted de ¡trabajar!, ¡Trabajar! y ¡trabajar!
Con frecuencia vemos que en el hogar, en la oficina, en la tienda o en el local de reuniones hay cierta
cosa que debe hacerse. Pero... la actitud del hombre del mundo es la de evadirse de hacerlo él. Se encoge de
hombros diciendo: ¿Por qué lo he de hacer yo? ¡ Que lo haga otro! Deberíamos razonar del modo contrario,
sin embargo. No podemos alegar lo poquito que podemos hacer. Si lo hacemos así, no nos estamos
preparando para llegar a ser Auxiliares Invisibles. Si vemos que tiene que llevarse a cabo un trabajo,
debemos decirnos a nosotros mismos: Alguien tendrá que hacerlo; ¿por que, pues, no he de ser yo? En el
próximo mes, querido amigo, tomemos como ejercicio espiritual el siguiente lema: "¿Por qué yo no?" Si lo
seguimos consistentemente seremos recompensados con bendiciones mayores que las que podríamos
obtener si las confiriéramos sobre los demás.
Que Dios le conceda bendiciones en abundancia y le fortalezca a usted en sus esfuerzos.

del libro "Cartas a los Estudiantes", de Max Heindel

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SERVICIO DESINTERESADO A LOS DEMÁS

CARTA Nº3

Marzo de 1911



SERVICIO DESINTERESADO A LOS DEMÁS

Desde luego habrá usted estudiado, en alguna medida las varias enseñanzas de la Orden Rosacruz, y
al dirigirme a usted no es como si le estuviera hablando a un desconocido que no está familiarizado con las
enseñanzas o tal vez poseído de un escepticismo respecto a la existencia de tal Orden. Estas enseñanzas se
han extendido por el mundo Occidental durante los dos pasados años como un fuego devorador, y esto en si
demuestra una fuerza impulsiva que no pertenece a la clase de la humanidad ordinaria. Esto lo comprenderá
usted mejor cuando haya leído la lección para este mes, la cual trata de la misteriosa Orden y demuestra su
relación con la Fraternidad Rosacruz.
Se le ha ocurrido indagar alguna vez, mi querido amigo, lo que le une a usted a esta Fraternidad?
Usted sabe que no existen lazos externos, que no ha prestado juramento de obediencia, o de alianza, y de que
usted no ha sido instruido en ninguno de los secretos. ¿Qué es lo que constituye, pues, la Fraternidad a que
nos referimos?
No pueden ser las enseñanzas, por ser éstas libres
para todo el mundo, y tienen el beneplácito, de los muchos que no han solicitado su filiación como
estudiantes. Tampoco es el enrolamiento como estudiante lo que hace crear el lazo interno, porque son
muchos los que estudian solamente para "su propio beneficio" y no tienen fraternidad con el resto de
nosotros. Mas, es el servicio que ejecutamos y la buena fe con que practicamos las enseñanzas deseando el
convertirnos en ejemplares vivientes en el mundo, de aquel amor fraternal de que habló Cristo, como el
coronamiento del cumplimiento de todos los mandamientos.
El pasado mes tomamos como lema el pensamiento de que si se había de hacer algún trabajo que al
parecer no fuera de la particular incumbencia de nadie, deberíamos decir "¿Por qué no yo?", en lugar de
dejarlo para que lo hiciera otro, o dejar de hacerlo. Espero que habrá ejecutado este servicio desinteresado
con frecuencia, glosando así los lazos de fraternidad.
Para el mes entrante deseo de usted que envíe todos sus pensamientos y esfuerzos para el adelanto de
las enseñanzas de la Fraternidad. No intente, convencer o convertir a nadie en contra de su voluntad, pero sí
trate de saber en forma que no sea de ostentación, sino de espiritualidad, la causa del agobio del prójimo.
Entonces, pruebe de ayudarle con sus enseñanzas. Pero el que le diga algo acerca del lugar de donde usted
las recibe, debe ser potestativo de su propio criterio. Lo primordial es diseminar las enseñanzas, no el
anuncio y la propaganda de la Fraternidad Rosacruz.

del libro "Cartas a los Estudiantes", de Max Heindel

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UNA CRUZADA POR LA IGLESIA

CARTA No 4

Abril de 1911



UNA CRUZADA POR LA IGLESIA

El pasado mes prometí emprender con mayor intensidad la dilucidación de la Orden Rosacruz, y su
relación con la Fraternidad, pero se me olvidó que la Pascua estaba próxima y que a ésta se le debía otorgar
atención preferente. Espero convendrá usted conmigo que es más importante el estudio de este gran
acaecimiento cósmico, particularmente por vivir en una tierra cristiana, y porque, según confío, somos
cristianos de corazón. En verdad, querido amigo, la nota clave de lo que trataré este mes es realmente "una
cruzada de la Iglesia", y es esta mira lo que ha motivado el que haya impreso al final de la lección el poema
"¿Credo o Cristo?"
Todos somos Cristo en formación; la naturaleza de amor se está desenvolviendo en todos nosotros, y
¿por qué no hemos de identificarnos con una u otra de las iglesias cristianas que fomenta el ideal de Cristo?
Algunos de los mejores obreros de la Fraternidad son miembros, sí, y hasta ministros, de iglesias. Muchos
están hambrientos del alimento que nosotros tenemos para darles. No podemos partirlo con ellos
permaneciendo alejados y nos hacemos daño a nosotros mismos si incurrimos en la negligencia de no
aprovechar la gran oportunidad de ayudar a la elevación de la iglesia.
Desde luego que no hay obligación alguna. No se exige de usted el ingreso o la asistencia a la iglesia,
pero si asiste a ella con un espíritu de ayuda, puedo prometer a usted que experimentará un maravilloso
crecimiento del alma en un corto espacio de tiempo. Los grandiosos Ángeles del Destino, que son los que
dan a cada nación la religión más apropiada a sus necesidades, nos situó a nosotros en tierra cristiana,
porque la religión cristiana nos ayudar para el desarrollo del alma. Aun admitiendo que ha sido obscurecida
por el credo y el dogma, no debemos permitir que esto nos impida la aceptación de aquellas enseñanzas que
son buenas, porque eso seria tan tonto como el situar nuestra atención sobre las manchas del Sol rehusando
ver su luz gloriosa.
Sírvase pensar sobre este asunto, querido amigo y tomemos por lema este mes, una utilidad mayor,
para que crezcamos abundantemente mediante el esfuerzo dirigido al mejoramiento de nuestras
oportunidades.

del libro "Cartas a los Estudiantes", de Max Heindel

VALOR DE LOS SENTIMIENTOS RECTOS

CARTA Nº5

Mayo de 1911


VALOR DE LOS SENTIMIENTOS RECTOS

Espero que usted habrá disfrutado con la lección del mes pasado. Tal vez le habrá producido
extrañeza, pero me he revelado en ella gráficamente, pues elevó mi devoción poderosamente el pensar cómo
la Vida Divina se derrama periódicamente en nosotros para que tengamos más abundante vida. Sin ese anual
influjo de la vida de Dios, toda vida, o por mejor decirlo, toda forma, dejaría de existir. Es por las
sensaciones de las emociones superiores que nos elevamos nosotros mismos con mayor facilidad. Es bueno
el estudio y desarrollo de nuestras mentes, pero en esta edad existe el gran peligro de caer engañados en la
red del intelecto. Pablo dio en el clavo cuando dijo: "El conocimiento engríe, pero el amor edifica". Todos
deseamos saber, es natural que así sea, pero a menos que nuestro conocimiento sirva para hacernos mejores
de lo que somos, mejores hombres y mejores mujeres, mejores servidores de nuestros semejantes, no nos
hará más superiores a la vista de Dios. Por lo tanto, es de enorme importancia el cultivo del sentimiento
recto y justo, y sinceramente espero que habrá usted sentido la lección de la Pascua, pues este es el único
medio de obtener el pleno beneficio de la misma.
Imagínese usted la gran oleada de energía divina proyectada desde el Sol invisible que es la
manifestación del Padre. Pruebe a sentir el respeto que experimentaría si pudiera verla, tal y como lo siente
el vidente ejercitado. Obsérvela en su imaginación al chocar con la Tierra durante la Sagrada Noche de
Navidad. Deje que el sentimiento opere en usted igual que al hundirse en la tierra, y que es la activa causa de
la germinación en todos los reinos. Cristo utilizó el símil o parábola de la gallina clueca al describir Sus
sentimientos hacia otros seres, y si usted prueba a sentir la germinación de todas las cosas de la naturaleza,
tal y como quedó dicho en la lección de la Pascua, se dará cuenta de un punto del asunto que tal vez le haya
pasado por alto.
Espero que utilizará usted esta lección durante largo tiempo como materia para la meditación, por ser
diferente a las otras lecciones intelectuales, las cuales pueden grabarse en la mente y echar luego en olvido.
Esta lección es de validez permanente, y cuanto mayor número de veces la estudie dejándola penetrar en el
corazón, mayor será su proximidad al corazón de las cosas, que es Dios el Padre superior y amante que
derrama Su vida por igual sobre la planta más diminuta y el mayor de los monarcas del bosque; el que cuida
de las bestias y pájaros, del ladrón proscrito y sin hogar, y del potentado real que habita su palacio, sin
distinción alguna.
Que Dios le conceda a usted Sus bendiciones en abundancia y le muestre abiertos Sus depósitos de
riquezas, que sobrepujan a todos los goces terrenales, y que sienta usted la ola de amor que él derrama de
nuevo, año tras año, como una realidad. De este modo, no se sentirá usted solitario, aunque se halle en la
soledad, y será mucho más rico, no importando la abundancia de amor terrenal de que goce, y tanto más
dispuesto a irradiar la más sublime de todas las emociones: El Amor Espiritual.

del libro "Cartas a los Estudiantes", de Max Heindel

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CURANDO AL ENFERMO


CARTA Nº 6

Junio de 1911


CURANDO AL ENFERMO

Cristo dio a Sus discípulos dos mandamientos cuando les dijo: "Predicad el Evangelio y curad al
enfermo." Vimos por la lección del mes pasado cómo el ministerio de guía espiritual está estrechamente
unido con la curación de las dolencias físicas; pues aunque la inmediata y aparente causa de la enfermedad
pueda ser física, en un análisis final todas las dolencias son debidas a la transgresión de las "Leyes de Dios",
las que llamamos vulgarmente "Leyes de la Naturaleza" en nuestros materiales intentos de eliminar lo
Divino. Bacon, con rara percepción espiritual, dijo: "Dios y la Naturaleza difieren entre sí como el sello y su
marca". Como el lacre se amolda a las líneas rígidas del sello, así también la naturaleza se amolda a las leyes
inmutables de su Divino Creador, y así la salud y la condición del libre albedrío son la regla entre los reinos
inferiores. Sin embargo, cuando se ha alcanzado el grado de humano, cuando se ha desarrollado la
individualidad y empezamos a exigir el derecho de la elección, de la prerrogativa y de la emancipación, es
cuando nos disponemos a contravenir o quebrantar las leyes de Dios, e invariablemente, esta transgresión va
seguida del sufrimiento.
Existe un lado de la Luna el cual no vemos nunca, no obstante sabemos que existe, y precisamente
ese lado escondido de la Luna es tan importante factor para la formación de las mareas como lo es la parte
más cercana a nosotros y visible. También en el hombre existe un lado escondido que es tan responsable de
la acción como el ser físico que contemplamos. Los quebrantamientos de las leyes divinas en los planos de
la acción mental y moral son tan responsables de los trastornos físicos, como lo es el lado oculto de la Luna
en la producción de las mareas.
Si lo que antecede fuese comprendido, los médicos cesarían de estar desorientados acerca del hecho
enojoso de que en tanto que cierta clase y cantidad de una medicina determinada cura una enfermedad,
puede ser impotente en absoluto en otras. Va en aumento el número de médicos que se van convenciendo de
que la ley del destino es un factor importante en la manifestación de las enfermedades y en el retardo de su
curación, no obstante no creer en la falacia del sino. Reconocen que Dios voluntariamente no nos aflige, ni
tampoco pretende vengarse de los transgresores; ellos reconocen que la pena y el sufrimiento están
designados para enseñarnos lecciones que no aprenderíamos o no podríamos aprender por ningún otro
medio. Las estrellas muestran el periodo estimado como adecuado para enseñarnos]a lección, no obstante no
poder, ni Dios mismo, determinar el tiempo exacto, ni la cuantía de sufrimiento necesaria; nosotros mismos
tenemos la prerrogativa, puesto que somos divinos. Si despertamos al hecho de nuestras transgresiones y
comenzamos a obedecer la ley antes que la aflicción astral cese, nos curaremos
de nuestro mal, ya sea éste mental, físico o moral; pero si persistimos hasta el final de una aflicción astral sin
haber aprendido la lección, nos forzará a la obediencia más tarde una configuración más hostil.
Relacionado con esto es por lo que un restablecedor de la salud dotado de una mente espiritual puede
prestar con frecuencia los servicios más eficaces y acortar el periodo de sufrimiento señalando al paciente la
causa de su aflicción. Aun cuando el médico se halle o se vea impotente para combatir con la enfermedad,
puede muchas veces alentar al paciente durante una crisis de inevitable sufrimiento, mediante la promesa
consoladora de alivio determinada para un momento.
En mis servicios a los enfermos durante años atrás no ha sido infrecuente mi privilegio de poder
señalar así la Estrella de la Esperanza, y hasta donde alcanzan mis recuerdos, mis predicciones sobre la
mejoría en un plazo determinado, han sido realidades siempre, y algunas veces de la manera más milagrosa
quedarse pueda, pues las estrellas son el Reloj del Destino y son siempre exactas. En lo que queda expuesto
tiene explicada la gran razón por la cual debemos estudiar astrología bajo el punto de vista espiritual. En la
lección del mes próximo espero exponer algo más definitivo concerniente a la Panacea Espiritual, y entre
tanto tengo la seguridad de que le será grato saber que hemos comprado el terreno del que ya hemos hablado
anteriormente.
Es un lugar que tiene una vista incomparable en el Sur de la bella California; en efecto, aunque yo he
viajado por todo el mundo no he visto sitio igual que pueda compararse con el lugar de nuestra futura
Residencia General. Está situado sobre una elevada meseta que permite la visión libre de un panorama que
se extiende a unas cuarenta millas o más, en todas direcciones. Por el Norte, la altura del monte Santa Ana
desvía los vientos fríos del Norte, de tal forma que prácticamente el clima está libre de hielos durante todo el
año. Debajo de nosotros, por el Este está el Valle de San Luis Rey, con el río que parece una franja plateada,
cruzando por fértiles campos, y por la histórica Misión Española, en la cual los Padres Franciscanos
enseñaron a los indios durante siglos. Más para el Este el monte de San Jacinto alza su pico nevado hacia un
cielo del mis intenso color azul. Por el Sur, el promontorio de La Joya, con sus cuevas pintorescas, oculta a
las miradas, el gran puerto natural de la ciudad situada más al Sur de las tierras del Tío San: San Diego.
Mirando al punto por donde se pone el Sol podemos contemplar el plácido seno del Océano Pacificó, la isla
de San Clemente, y también Santa Catalina con sus maravillosos jardines- submarinos- un cuadro
compuesto de gloria e inspiración, suficiente por sí solo para la evocación de todo lo que halla de mejor y
más puro en cualquier persona inclinada hacia lo espiritual.
A este bello rincón de la naturaleza le hemos dado el "Monte Ecclesia", habiéndose abierto ya un
fondo pare erigir los edificios adecuados: una Escuela de Curación, un Sanatorio, y, por último, un lugar
para el culto - una "Ecclesia"- en la que será preparada la Panacea Espiritual y enviada por todo el mundo
para que sea aplicada por los auxiliares debidamente capacitados para ello.

del libro "Cartas a los Estudiantes", de Max Heindel

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